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Nunca es demasiado pronto para empezar

by | Acerca, En lo personal

¿Cuántas veces nos hemos encontrado en el punto de partida de un proyecto o negocio nuevo y hemos empezado a dudar de nuestras habilidades?, ¿Realmente estoy listo para esto?, ¿Cuento con lo necesario para seguir adelante?. Todas estas son preguntas razonables que debemos poder responder claramente antes de emprender cualquier proyecto en nuestras vidas. De hecho, debemos estar orgullosos de tener este tipo de cuestionamientos ya que son el tipo de dudas que tienen las personas maduras, al igual que escuchábamos a nuestros padres plantearse diversas preguntas antes de tomar alguna decisión importante como comprar una nueva casa, planificar las vacaciones soñadas o escoger la mejor forma de invertir dinero para el futuro de sus hijos (nosotros). Sin embargo, en algunas ocasiones tenemos que dejar a un lado la racionalidad y dejarnos guiar por nuestro corazón. Muy parecido a como hacíamos cuando éramos niños y no tomábamos en cuenta si las cosas que hacíamos merecían el esfuerzo o si obtendríamos algo beneficioso a cambio.

Deseos de la infancia

De pequeño quise ser muchas cosas cuando creciera; quería ser médico cuando era muy joven, quería seguir los pasos de mis padres y solía recetarles medicamentos a ellos y a su secretaria cuando no tenían pacientes en el consultorio y jugaba a ser doctor. Luego hubo una época en la que quería ser artista, ser un cantante y jugaba a dar los conciertos más espectaculares del planeta justo desde la sala de mi casa. Posteriormente lo que me llamaba la atención era ser un director de Hollywood, mi papá acababa de comprar una camcorder y empecé a filmarlo todo, desde nuestro primer viaje a Nueva York al mejor estilo de Parts Unknown hasta un noticiero local que se transmitía desde el estudio de la casa de mis padres. Tenía apenas 8 años y para ese momento ya había sido todo lo que quería en la vida. Fue ahí donde descubrí un videojuego que envenenó mi mente como ningún otro, el Flight Simulator de Microsoft. ¡Ya lo sabía!, tenía que ser piloto. Enseñé a mi padre a despegar un Learjet 45 y lo convencí de comprarme un Flight Yoke para poder jugar como los pro’s. Llegue a volar desde París hasta Nueva York en el Concorde y realicé las piruetas más audaces con la reina de los cielos (Boeing 747).

Descubriendo en lo que eres bueno

Al mismo tiempo descubrí que las computadoras comenzaban a ser una pasión para mi, y mientras el efecto Y2K se acercaba cada vez más y más el boom de las .com explotó en frente de mi. De pronto me enloquecía la idea de crear mi propia página web desde la tranquilidad de mi habitación y que pudiera ser visitada por personas en cualquier parte del mundo y en realidad, no necesitaba una excusa para crearla. Tuve mi primera web personal en geocities.com, un proveedor de hosting gratuito. No tenía un dominio propio, pero ¡hey!, yo ya tenía una página web mientras mis compañeros de clase apenas comenzaban a entender como conectando sus computadoras a la línea telefónica podían conectarse “a la Internet”. Me sentía realmente capaz y no me preocupaba si lo que hacía era lo suficientemente bueno, malo o simplemente aburrido. Me encantaba lo que hacía y eso era lo único que importaba.

Madurar suele echarlo todo a perder

El tiempo fue pasando y como era de esperarse, maduré. Empecé a ser más cauteloso con las cosas en las que invertía mi tiempo pero siempre miraba hacia atrás y recordaba la libertad y felicidad que tenía en mi niñez y solía preguntarme ¿qué ocurrió? ¿cuándo perdemos toda esa pasión infantil que nos hacía vibrar cuando éramos niños?. Me gustaría tener la respuesta, en verdad me gustaría saberlo, para advertirle a mis hijos y así evitar que les ocurra lo mismo a ellos. Ahora que soy un “adulto”, “maduro”, obviamente que se como optimizar mi tiempo, especialmente luego de haber estudiado ingeniería de producción en la universidad pero, también me he llegado a un punto en el que deseo recuperar la pasión, la inocencia y la idea que los únicos límites que afrontarás en tu vida son los que te pongas en la mente. Hay quienes dicen que nunca es demasiado tarde para empezar, y estoy totalmente de acuerdo. Pero creo que otra frase que puede complementarla viene dada por el hecho de que nunca es demasiado temprano para empezar. Me aseguraré de que mis hijos tengan todo lo necesario para dejar sus mentes tomar vuelo, así como la mía lo hizo cuando era niño. No importa si aquellos eran solo juegos infantiles. Son esos “juegos” los que nutren y forman la esencia de quién serás cuando seas adulto. ¿Te gustó este post?, ¿tienes algún comentario?. Compártelo en tus redes sociales para continuar con la conversación o comenta en el espacio de abajo.